
Mi amigo Juan Bernardo y yo, cuando teníamos catorce o quince años, disertábamos de temas filosóficos y de interés nacional en el trolebús que nos llevaba por el Eje Ocho Sur hasta Plaza Universidad. En una de esas, Bernardo fue tan cáustico como solía serlo desde que lo conocí, cuando ambos teníamos siete años, y espetó ante la múltiple audiencia que ya habíamos acumulado desde Ermita hasta Municipio Libre: "el pueblo mexicano es una plañidera de pobres". Asentí; "Por supuesto, mi amigo, que palabras tan sabias acabas de decir, lo celebro profundamente, y vete bajando porque se nos pasa la parada, que ya estoy viendo el Helens".
Por supuesto que no tenía ni la más pastelera idea de lo que era una plañidera, y menos de pobres. Pero Juan Bernardo, que fue leido y escribido desde chamaquillo, se tiraba unas frases domingueras de tres bandas con renverser. Después averigüé, y supe lo que mi entrañable amigo dijo, o quiso decir. Mi padre, el Doctó, lo ilustró a la hora de la comida con su singular estilo: "que lo mejicano só mu mitotero, mi'jo".
Éste domingo regresé de mis ya no tan habituales escapadas a jugar golf y vi en la tele el partido de los Pumas contra las Chivas del Guadalajara. El estadio estaba vacío y se escuchaban los gritos naturales de los jugadores y el cuerpo técnico de ambos equipos, fue entonces que me percaté de que el encuentro era a puerta cerrada y también, de la magnitud de la influenza porcina. Me quedé patidifuso comiéndome mi quesadilla y viendo al Presidente, que informaba a la nación las medidas de la contingencia.
Del domingo para acá ha sido un cúmulo de información que cae por todos lados y por todos los medios. Una avalancha mediática a diestra y siniestra.
Ayer la Consorte fue al super en la tarde. Regresó muy enojada, me dijo: "estornudé tres veces y parecía que había cortado cartucho de una AKA47". Recordé a Juan Bernardo. Somos plañidera de pobres.
¡Santo Niño de Zongolica! Si de por sí ya estábamos jodidos con la crisis económica, ahora viene el méndigo y porcino bicho a terminar de desgraciarnos; el dólar ya había bajado la línea de los trece pesitos, los turistas ya estaban regresando a la playa, la alegría y el rubor del verano poco a poco comenzaba a poblar nuestras mejillitas y cuázzzz! No se necesita ser economista para saber lo que representa ser un país en emergencia. Además, ¡que vergüenza! Me da harta pena con todos mis lectores de Shrewsbury, Bostwana, Yokohama y Chicoutimi, que se enteren que éste Zorombático vive en un país donde la gente se muere por una PINCHE gripa pedorra.
Fue tal mi desconcierto que anoche mismo contacté al Doctó vía telefónica. Por lo que me dice (y vaya que el Doctó es mesurado) el DeFe es un caos y todo el mundo anda jugando al enmascarado de plata y al llanero solitario con los tapabocas que se cotizan hasta en cincuenta pesos ($3.65 dolares) por unidad. Pero sobre todo, el Doctó alega, y con toda razón, un dato importantísimo: cada minuto está muriendo una mujer por causa del cáncer mamario. Al día de hoy hay 158 muertos por "supuesta" influenza porcina. Sin embargo, en el rato que ha tecleado éstas letras y el tiempo que a usted amig@ lector@ se ha tomado en leerla, sume que ha muerto de a mujer por minuto.
Pero, ¿por qué nos morimos de gripa porcina? porque somos mexicanos, plañidera de pobres. Porque somos Chanocs, Santos Enmascarados de Plata, porque somos bien machotes y a mí esta pinche gripa me hace los mandados. No vamos al médico, nos auto medicamos y nuestras defensas... no más no aguantan. Cuando por fin, la gente va al Seguro Social, después de pasar un viacrusis de trámites, ingresa a morir de neumonía.
El Doctó me dijo anoche: "la gente pobre é la que sufre y la que muere, é verdá...". Pues claro, al perro más flaco se le pegan más las pulgas.
Con estos acontecimientos, la imagen de México ante el mundo es lo que es: seguimos en el subdesarrollo absoluto; con índices de pobreza al máximo y un sistema educativo y de salud paupérrimo. Somos presa de pésimos gobiernos; más de setenta años de dictadura del partido en el poder (PRI) se han unido con dos sexenios de supuesta democracia infame donde no se ha sabido gobernar ni dar cauce a lo que el país necesita. Pero la culpa es de nosotros, los mexicanos, plañidera de pobres, presos de la incertidumbre, hasta que el bicho de porcina influencia nos alcance.
*La foto fue cortesía de La Reina del Mayab.