
El sábado 16 de agosto se cumplieron 12 años de la muerte de Manolo Martínez. Por lo visto, todo el mundo –hasta el taurino– anda ocupado en las olimpiadas y nadie, que yo sepa, se ha acordado de él.
Yo sí me acordé. Me acordé del viernes lluvioso del 96 en que dio su última vuelta al ruedo en su Plaza México, recordé que fue el primer torero que me emocionó cuando era niño, su pase del desdén, su arrogancia infame, sus pocas palabras. Recordé a la Doña en su barrera de sol y a mi mamá buscándola con sus binoculares. Recordé a mi papá diciendo los domingos: hoy hay que comé má temprano porque torea Manolo y se va a llená la plaza. Estacionar la camioneta más lejos que de costumbre y paladear el camino al albero con ese saborcillo torero que ya no es. Avenida de los Insurgentes se dividía en martinistas y antimartinistas; en los que lo idolatrabamos y los que lo reventaban. Los domingos eran la incesante búsqueda del triunfo del bien sobre el mal, el triunfo apoteósico o el fracaso rotundo. Con Manolo no había medias tintas, era todo o nada; era la pasión que ya no queda. Manolo Martínez toreaba como era: con una arrogancia terrible, si el toro no iba el se esperaba hasta que fuera, y con él lo hacía el público; y si no iba, el ya lo sabía y no le importaba, a otra cosa mariposa y entonces, venía la gran bronca en el tendido: siempre habrá gente que te quiere, pero también gente que no. Hay dos momentos de Manolo Martínez que están en mi como si hubieran sucedido ayer: la cornada de "Borrachón" de San Mateo; le gané el puesto a mi hermana en un volado, porque papá sólo tenía dos boletos y mamá se enfermó o algo así. Fue una cornada terrible, al "monstruo" le dio por muerto uno de los médicos que lo operaban: "¿Doctor, no estamos operando un cadáver?" y Don Javier Campos Licastro simplemente siguió sin ver el monitor. La segunda fue la faena de "Amoroso" en 1979; para mí fue la faena más grande que le vi y llegué a pensar que la plaza se iba a caer de tanto escándalo y me dio miedo. Al otro día, Manolo aparecía en la primera plana de todos los periódicos, robando espacio a los políticos y hasta al presidente.
Manolo se fue hace doce años, y dio su última vuelta al ruedo un viernes lluvioso de agosto. Manolo, yo si me acuerdo.









