Huyendo de la psicosis de la
influenza pero con el pretexto del aniversario matrimonial, la Consorte y este
zorombático nos escapamos a
Cozumel este fin de semana. Para el que no lo sepa, la Isla de las Golondrinas, como también se le conoce a
Cozumel, es la ínsula poblada más grande de México y se encuentra justo enfrente de Playa del Carmen cruzando en un
ferry que demora unos 50 minutos.

Salvo unos cuantos pescadores que aún salen a practicar el oficio,
Cozumel vive del turismo en su totalidad; en la isla atracan de dos a tres cruceros diariamente. Esta vez, los
cozumeleños, que son gente muy amable y linda, estaban de capa caída: hacía una semana que no pegaba ni un sólo barco con turistas, por... ya sabe usted.

En la entrada de la base aérea está esta pieza de ingeniería aeronáutica, para intimidar a algún chino que nos quiera invadir tipo "
Pearl Harbor" como represalia xenófoba por andar desperdigando bichos por el mundo.

Pero llegamos al hotel y esta fue la vista desde la playa; mis
ojitos se me llenaron de mar... Ese mar calmo, transparente y turquesa que solo en
Cozumel se encuentra. El de
Cancún es muy lindo, el de Playa del Carmen también, la
Riviera Maya ni se diga, en fin, es Caribe; sin embargo, la isla tiene un encanto especial.

Cuando era un
chavalillo, en vacaciones en
Acapulco, el
Doctó de repente huía de la muchachada y se metía al mar, lejos de nosotros, haciendo la cruz. Un día traté de hacerlo con él, pero en todos los intentos nunca pude alcanzar la línea de flotación. Muchos años después, he descubierto el truco: la línea de flotación está en la panza... me pasé horas flotando como morsa drogada. Gracias padre mío por no haberme revelado tu secreto, prometo conservarlo hasta la tumba.

Después vino este atardecer, por si faltara algo. Y al otro día, el golf; éste es uno de mis hoyos favoritos en
Cozumel. Vea usted que belleza de árbol resguarda el
green. Ahora es tiempo de secas y no ha llovido, pero en menos de un mes, ese árbol estará lleno de vida y de pájaros.

En la tarde del domingo emprendimos el inevitable regreso. De vuelta a la realidad de la
influenza, que en un santiamén, ha catapultado a los
mexicanos como apestados. Sin embargo, nosotros hacemos caso omiso a la derrota y hasta nos burlamos de ella. Cheque usted el tapabocas del
Sr. Frogs...
Como colofón he de decir que las circunstancias están siendo muy adversas para la industria turística en México:
Cozumel, la
Riviera Maya,
Cancún y demás polos turísticos ya están resintiendo los estragos de la
influenza porcina sin siquiera tener un solo caso registrado en el estado de Quintana Roo. Les pediría a todos mis amables lectores de
Shrewsbury, Bostwana, Yokohama y Chicoutimi, que pasen la voz: aquí no ha pasado nada, todo está bien y en calma, y ojalá uno de estos días vengan por acá, para
reírnos todos juntos y llenarnos de mar.